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¿Cambiaremos con la pandemia?

por | May 21, 2022 | Blog, Oficial de cumplimiento | 0 Comentarios

Yudy Tunjano Gutiérrez

Abogada, Magíster en Derecho de la Empresa & Master Compliance Officer

Está claro que ningún gobierno estaba preparado para lo que se venía. Hemos visto como las mejores economías y sistemas de salud del mundo sucumben a los estragos de la pandemia. Tampoco nosotros. Desde que empezamos a ver en Wuhan, y en China en general, que atendían los primeros casos de coronavirus, nada nos hizo presumir que enfrentaríamos al enorme enano que había mutado en nuestras casas. Habíamos visto en el pasado cómo el ébola atacaba África o el SARS enfermaba a una parte de la población china y japonesa, pero sin cruzar el continente, o que el H1N1 no causó la devastación que anunciaron; entonces nos relajamos. Cada uno en su metro cuadrado continuó de manera cerrada con su vida pensando que sería un problema de los chinos o de las clases menos favorecidas asiáticas, lejos de nuestro entorno. Ahora que tenemos el virus en el patio de nuestras casas, el único desafío, por ahora, es el confinamiento en algunos casos voluntario y en otros obligatorio, y el autocuidado con las medidas que imponen las autoridades sanitarias.

Pero hay un reto mayor, uno que subyace a lo más evidente de esta crisis: se trata de un reto de solidaridad con nuestras comunidades, con nuestro vecino y con el planeta mismo. ¿No es este un llamado a ser más responsables socialmente hablando? ¿Será una súplica de la madre naturaleza a ser sostenibles con nuestros recursos naturales y a ser mucho, pero mucho, más sensibles como seres humanos? Tristemente, creo que aún no hemos entendido este llamado.

Alrededor del mundo son varios los ejemplos. En lo cercano, hace unos días en la mañanita salí a pasear con mi perro, Lolo, un lindo Golden Retriever rubio de 14 años, que por el paso del tiempo ha perdido la vista y la capacidad de aprender a hacer pis en pellet, como lo ha sugerido la autoridad sanitaria en medio de la crisis. Habíamos caminado escasos cien metros, cuando empecé a sentir pesadez en el cuerpo y dolor de cabeza, luego vino un zumbido profundo y el mundo empezó a oscurecer y a desaparecer de mi vista. Caí en la vía, no sé por cuánto tiempo estuve tirada hasta que desperté. Lolo estaba a mi lado, incólume en su fidelidad de tantos años. Como pude me incorporé y busqué un sitio cercano para ponerme a salvo, pero el dolor de cabeza era tan agudo que la luz volvió a apagarse. En mi segundo despertar, sudaba a cántaros bajo el inclemente sol panameño, Lolo seguía a mi lado lamiéndome una mano y a lo lejos algunas personas reparaban la escena, aterrorizadas, impávidas y, tal vez, por miedo a que estuviera contagiada de coronavirus, no se acercaron a auxiliarme o al menos a preguntar cómo podían ayudarme; cada una se hizo la de la vista gorda y siguieron su camino. Sentí tristeza e impotencia ante semejante acto de impiedad, que me dolía no en el corazón ni en el alma, sino en la esencia humana.

Claro que todos tenemos miedo, principalmente por la incertidumbre; no sabemos cuándo retomaremos nuestras vidas y empezamos a imaginar escenarios casi siempre catastróficos; quienes estamos lejos de nuestras familias imaginamos panoramas desgarradores, dramáticos, nunca con finales felices. Sin embargo, tenemos que esforzarnos para ser positivos, encontrar la manera que la crisis sea la oportunidad para empezar a tener un mejor planeta y a ser mejores seres humanos, más empáticos y con mayor pensamiento colectivo.

Debemos generar valor para el mundo nuevo que emergerá de esta crisis, reordenar las prioridades vitales dejando atrás muchas pasiones y actitudes. Volver a lo simple y disfrutar de las pequeñas cosas, comenzando con la relación con los demás y poniendo por encima valores como la familia, la amistad sincera, la solidaridad, confianza y cooperación mutua, únicos principios que nos permitirán construir el camino hacia objetivos comunes en el futuro, como lo lograron nuestros antepasados.

Es el momento de dejar huella en nuestros niños para que recuerden que lo positivo de la cuarentena y de la crisis fue el cambio que el mundo dio a la dinámica individual sobre la colectiva y la que los gobiernos dieron en establecer políticas económicas y sociales dignas para todos, acabar la corrupción, repensar el egoísmo y la zancadilla que vemos en nuestros políticos. Podrán ver que en este momento dimos lo mejor de cada uno de nosotros, más allá del interés individual, la vanidad y el protagonismo.

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